Biografía de James Chadwick

Si has llegado hasta aquí es porque seguramente has oído hablar de James Chadwick (1891-1974), mayormente conocido por descubrir el neutrón. Y es que este brillante físico fue partícipe de un proceso histórico en el que la ciencia trascendió de la mecánica clásica a la cuántica. La biografía de James Chadwick demuestra que el avance científico es una reacción en cadena que ha permitido su evolución actual. ¡Es por eso que no te la puedes perder!

Biografía de James Chadwick resumen

Una juventud humilde pero brillante

John Joseph Chadwick y Anne Mary Knowles eran una humilde pareja de la pequeña ciudad de Bollington, Inglaterra. Tenían oficios de baja remuneración; él se dedicaba a hilar algodón y ella era una ama de llaves. Pese a ello, tuvieron felizmente a James Chadwick el 20 de octubre de 1891, bautizado así en honor a su abuelo materno. 

Aunque eran personas muy trabajadoras, su situación económica no iba muy bien. Razón por la que, en 1895, la pareja decide mudarse a Manchester para conseguir mejores oportunidades de empleo, dejando al pequeño James al cuidado de los padres de Annie.

A pesar de que el pequeño añoraba a sus padres, ésto no le impedía obtener excelentes calificaciones en la primaria Bollington Cross. No perdía oportunidad alguna en demostrar sus ingenio y logradas habilidades matemáticas —casi un cliché entre los jóvenes destinados a ser grandes científicos—. De esta manera, el pequeño James pudo obtener una beca para estudiar en la primaria Grammar School de Manchester, cuyo prestigio era mayor al de la anterior.

Por desgracia, al ser una familia tan humilde, no tenían cómo responder al resto de los gastos. Y a pesar de que sus abuelos se vieron obligados a rechazar la beca, el pequeño pudo reunirse nuevamente con sus padres; aunque eso significara estudiar en un colegio promedio en Manchester.

Una vez de vuelta a su hogar, James pudo conocer a Harry y Hubert, sus dos hermanos menores. También se enteró que había tenido una hermana pequeña que falleció a muy corta edad. 

¿SABÍAS QUE...?
A sus 16 años, James Chadwick realizó dos exámenes para ganar una beca en universidades diferentes… ¡Y ganó ambas! Una de ella era la Universidad Victoria de Manchester, la que eligió para cursar sus estudios superiores.

Un matemático en el cuerpo de un físico

En 1908, James Chadwick comienza su preparación universitaria en la facultad de Ciencias Físicas. Para su gran sorpresa, el director del departamento de su carrera era nadie menos que el doctor y nobel de la física Ernest Rutherford, quien lo tutelaría en el transcurso de la misma.

DATO CURIOSO
James sentía en realidad una mayor inclinación por la matemática que por la física. De hecho, su idea inicial era matricular esta disciplina para hacerla su estilo de vida, pero en su lugar inscribió Ciencias Físicas por accidente. ¿Habrá imaginado el joven científico que este «error» le valdría un Premio Nobel?

Como proyecto de investigación de último año, Rutherford le preguntó si podía diseñar un medidor de radiactividad que tuviera la capacidad de comparar dos señales de fuentes diferentes. La unidad de medida que debía utilizar sería el «curio», en honor a la pareja de nobeles Marie y Pierre Curie, descubridores del radio y el polonio.

Como era de esperar de un joven científico al que le gustaban los retos, James aceptó la propuesta de su mentor, y puso manos a la obra al diseño del equipo con las especificaciones dadas. Pero el enfoque que le había sugerido Rutherford era erróneo. Naturalmente, el joven se la pensó dos veces antes de darle la noticia a su profesor, hasta que finalmente decidió encontrar la perspectiva adecuada por su propia cuenta, y así evitar malos entendidos.

En 1911, James Chadwick se presentó ante Rutherford con el diseño del medidor de radiactividad. El método matemático que utilizó fue ideado por él mismo, lo que le permitió no sólo graduarse con honores de primera clase, sino publicar su primer artículo científico de la mano de su tutor académico.

James Chadwick y la Primera Guerra Mundial

Después de graduarse, James decide continuar sus estudios en el área de radiactividad, tema muy en boga entre los científicos de la época. Obtuvo así su maestría en Ciencias en 1912, y al año siguiente se encontró a sí mismo en Europa central estudiando la radiación beta junto a Hans Geiger, bajo el clima extremo de Berlín.

No fue el mejor momento para residenciarse en Alemania, ya que mientras sus estudios se obstaculizaron por el misterio del espectro continuo, estalló la Primera Guerra Mundial. Por ser del «bando enemigo» terminó cayendo prisionero del Estado alemán en el Campo de internamiento de Ruhleben.

DATO CURIOSO
Durante el tiempo que estuvo internado, a James Chadwick se le permitió construir un laboratorio improvisado en los establos y continuar con sus investigaciones con materiales reciclables. ¡Así como en las películas!

Y sí, estuvo detenido durante los cuatro años que duró la guerra, hasta que finalmente se firmó el armisticio entre Alemania y la Triple Alianza el 11 de noviembre de 1918. Ese mismo año, una vez de vuelta a su casa en Manchester, Chadwick escribió todos los resultados de las investigaciones que hizo en cautiverio.

El eslabón perdido de la ciencia del siglo XX

En los años posteriores a la guerra, James Chadwick trabajaría junto a Rutherford en el laboratorio de Cavendish como su ayudante de laboratorio. Ésto conllevó a que sus investigaciones se centraran en la física nuclear, y ya no tanto hacia los espectros de radiación. Nótese que, en este punto, sus acciones lo estaban encaminando al hallazgo más importante de su vida.

En 1925, a sus 34 años, fijó su mirada en la hija de un corredor de bolsa de Liverpool que respondía al nombre de Aileen Stewart-Brown. Utilizó todas sus artimañas de hombre intelectual para conquistarla, y logró desposarla meses más tarde. Producto de esta unión nacieron las gemelas Joanna y Judith en 1927, año en que Chadwick fue elegido miembro de la Royal Society.

Por supuesto, el reciente y feliz matrimonio de James Chadwick no interrumpió sus las arduas investigaciones. Después de obtener su doctorado en Filosofía, continuó prestando su apoyo a las investigaciones de su ahora jefe y asesorando a estudiantes noveles. Rutherford estaba en busca de una partícula que contrarreste el efecto repulsivo entre los protones del núcleo.

La suerte les sonrió cuando, finalmente, un experimento científico en Alemania produjo accidentalmente una forma inusual de radiación. Se había bombardeado una lámina de berilio con partículas alfa de polonio, las cuales hasta el momento se pensaba que se componían únicamente por dos protones.

Investigaciones posteriores con este mismo tipo de radiación —destacando las de Irène Joliot-Curie (hija de Marie Curie) y su esposo Frédéric—, reafirmaron sus sospechas. ¡Los Joliot-Curie tenían al neutrón frente a sus narices y no lo veían!, pero a diferencia de ellos, James Chadwick sabía lo que tenía que buscar. Habiendo experimentado por dos semanas con un aparato construido por él mismo, escribió en mayo de 1932 un documento titulado La existencia de un neutrón.

James Chadwick: un científico ejemplar

El artículo de Chadwick fue publicado posteriormente por la Royal Society, causando revuelo en la comunidad científica. Profesionales de todo el mundo coincidieron en que el neutrón resolvía muchos misterios de la naturaleza si se tomaban ciertas consideraciones. Una de ellas era que esta nueva partícula debía formar parte del núcleo del átomo. Lo que llevó a que, poco después, Niels Bohr la introdujera en su modelo atómico.

Ese mismo año, James Chadwick fue condecorado con la Medalla Hughes de la Royal Society, y tres años más tarde recibió el Premio Nobel de la Física por su trascendental aporte a la ciencia. También, por otras investigaciones importantes pero de menor categoría, llegó a ganar las Medallas Copley y Franklin en 1950 y 1951, respectivamente.

El descubrimiento del neutrón no sólo permitió el diseño de un nuevo y mejorado modelo atómico, sino también inspiró a Enrico Fermi en sus investigaciones sobre la radiactividad inducida, dando paso —para bien o para mal— a la creación de la bomba atómica.

¿SABÍAS QUE...?
James Chadwick vivió el estallido de la Segunda Guerra Mundial estando de vacaciones con su familia en Suecia. Los vuelos se habían cancelado, y como no estaba de ánimos para pasar los próximos años de su vida internado —otra vez—, se apresuró a volver a Inglaterra por mar.

A pesar de que James Chadwick prestó sus conocimientos científicos para el Proyecto Manhattan durante la Segunda Guerra Mundial, sus últimos años fueron tan calmados como los de cualquier persona. En raras ocasiones salía de su apartamento, y debido a la vejez se iba haciendo cada vez más frágil. Murió de causas naturales el 24 de julio de 1974, y en su honor se le otorgó su nombre al laboratorio de Liverpool en el que trabajó durante las últimas décadas.

¡Apuesto a que te quedaste con ganas de profundizar sobre el descubrimiento del neutrón! Pues aquí tenemos un vídeo que resuelve tus dudas:

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