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Biografía de Horacio Quiroga

Horacio Quiroga (1878-1937) fue uno de los más grandes exponentes de la literatura latinoamericana. Su trabajo representó una de las principales referencias de un sinfín de escritores y su estilo marcó el nacimiento de un género literario surrealista que cautivó a millones. Así como sus relatos, su vida narra la historia de un hombre que enfrentó distintas dificultades físicas y psicológicas para superar inmensas tragedias. ¿Te interesaría saber más? Entonces quédate con nosotros y disfruta de la biografía de Horacio Quiroga.

Biografía de Horacio Quiroga resumen

Desgracias inesperadas

Horacio Silvestre Quiroga Forteza nació el 31 de diciembre de 1878 en Salto, Uruguay. Fue el sexto hijo producto de la unión entre Prudencio Quiroga y Pastora Forteza. Su padre, quien trabajaba en el viceconsulado de Argentina, murió producto de un accidente con un arma de fuego cuando el pequeño tenía apenas 2 meses de nacido. Después del trágico evento, Pastora se vio en la necesidad de buscar trabajo por distintas ciudades de Uruguay.

Su madre se casó con un trabajador de Córdoba llamado Ascencio Barcos cuando Horacio tenía 12 años. Barcos se encargó de proveer una muy necesaria ayuda económica para la familia, hasta que sufrió un derrame cerebral en 1896. Debido a que su deteriorada condición le impedía hablar, el padrastro del joven cayó en depresión y terminó suicidándose unos meses más tarde con un arma que guardaba en la despensa.

NOTA
Algunas fuentes señalan que Horacio Quiroga presenció el suicidio de su padrastro personalmente, aunque otras establecen que sólo se encontró con el cadáver. Sin embargo, los literatos coinciden en que estos desafortunados eventos fueron fundamentales en el desarrollo del estilo extraño y retorcido que Quiroga mostró en algunas de sus obras.

Encuentro con la literatura

Después de cumplir 20 años, el interés de Horacio Quiroga por los libros se intensificó. Aunque ya había leído un par de obras, comenzó a explorar distintos géneros y a buscar nuevas experiencias a través de la lectura. Descubrió la poesía alrededor del año de 1900 y luchó para encontrar la mayor cantidad de libros posibles de Leopoldo Lugones y Edgar Allan Poe. Debido a las dificultades para conseguir material literario que existían en la época, recopilar libros del último le resultó particularmente complicado.

Horacio Quiroga incursionó en distintos subgéneros de la poesía durante los próximos años y absorbió parcialmente referencias de las obras de las que disfrutaba. Empezó a publicar algunos de sus poemas en la comunidad de Salto y no tardó en conseguir trabajo como escritor en una publicación llamada La revista, para luego ser colaborador en un diario de nombre La reforma, el cual se distribuía a nivel nacional.

El consistorio de Horacio Quiroga

A partir de su profundo amor por la literatura, conoció a algunos escritores jóvenes que buscaban un espacio que fuera fuente de inspiración y les permitiera mejorar sus habilidades. Horacio Quiroga comenzó una fructífera amistad con los autores emergentes y juntos formaron El Consistorio del Gay Saber —nombre inspirado en La gaya ciencia, una de las obras más icónicas de Friedrich Nietzsche—, una especie de club literario a través del cual presentaban, discutían y posteriormente publicaban sus obras. 

En 1901, Horacio Quiroga publicó su primer libro, titulado Los arrecifes de coral. La obra fue influenciada por las críticas de El Consistorio del Gay Saber y contó con un buen recibimiento en Uruguay y Argentina. Ese mismo año, la tragedia volvería a encontrar a Quiroga mientras éste sostenía un arma de fuego con la que su amigo, Federico Ferrando, se batiría a duelo con un periodista. La pistola se disparó mientras Horacio la limpiaba y la bala mató a Federico en el acto.

Horacio Quiroga se entregó y fue arrestado el mismo día de la trágica muerte de Federico Ferrando. Después de permanecer cuatro días detenido, la policía determinó que el evento había sido accidental y dejó a Quiroga en libertad. Sin embargo, la mayor carga para el escritor fue la culpa y el dolor que le produjo la pérdida de su colega, lo que lo llevó a disolver el consistorio y mudarse a Argentina en búsqueda de cambiar su entorno.

Enamorado de la jungla

Horacio Quiroga vivió junto con su hermana en Buenos Aires a partir de 1902. Fue su cuñado quien le consiguió un trabajo en el Colegio Nacional de Buenos Aires como profesor de Castellano a medio tiempo. Aunque no tenía ningún título en pedagogía, Quiroga cumplió a cabalidad con sus deberes como docente debido a su amplio conocimiento en lengua y literatura.

¿SABÍAS QUE...?
En algún punto del inicio de su adultez, Horacio Quiroga utilizó la herencia que le había dejado su padrastro para viajar a París. La travesía fue un fracaso y Quiroga volvió hambriento, desamparado y luciendo una barba descuidada que mantendría por el resto de su vida. Inspirado en este viaje, escribió Diario de un viaje a París.

Fue en Buenos Aires en donde tuvo la oportunidad de conocer a Leopoldo Lugones, escritor que admiraba profundamente. Lugones lo invitó a una expedición financiada por el Ministerio de Educación de Argentina a una jungla ubicada en la provincia de Misiones, una experiencia que cambió la vida de Horacio Quiroga para siempre. Deseoso de prolongar su goce, utilizó su herencia para pasar seis meses en una casa de campo ubicada en la provincia del Chaco.

Estilo contrastante y atrevido

Después de regresar a Buenos Aires, Horacio Quiroga se basó en sus experiencias lejos de la civilización para escribir y publicar El crimen del otro. El libro fue bien recibido por los lectores, quienes no tardaron en notar similitudes con las obras de Edgar Allan Poe. El estilo de Quiroga —a quien nunca le molestaron en lo más mínimo las comparaciones con Poe— se ve reflejado de manera más clara en esta recopilación de cuentos.

Fue tras escribir su historia de horror titulada El almohadón de plumas que la popularidad de Horacio Quiroga se disparó. La obra fue publicada en la revista argentina Caras y caretas, la cual vio un importante aumento en sus ventas después del lanzamiento. A través de esta publicación, los cuentos de Quiroga alcanzaron a un gran número de lectores, quienes adoraban las historias del uruguayo por su capacidad de manejar géneros como el terror o la fantasía de manera sobria e interesante.

La vida salvaje de Horacio Quiroga

En 1906 reunió el dinero que había ganado por sus obras y compró un terreno en la provincia de Misiones, cerca de la jungla. Mientras se preparaba para mudarse, se enamoró de una de sus estudiantes, llamada Ana María Cires. Quiroga se casó con la joven y se la llevó a vivir junto con él a Misiones. Poco después, en 1911, Cires dio a luz a la primera hija del escritor, a quien nombraron Eglé.

Apenas un año después del nacimiento de Eglé Quiroga, Ana María Cires trajo al mundo a Dario Quiroga, el primer hijo varón de Horacio. Los niños fueron criados en Misiones y entrenados por su padre para sobrevivir en la jungla, por lo que aprendieron a utilizar armas de fuego, domesticar animales salvajes y construir balsas de madera. Las aventuras de sus hijos inspiraron a Quiroga, quien durante esos años enviaba sus historias para ser publicadas en la revista Fray Mocho de Buenos Aires.

Cuentos poco convencionales

La relación entre Horacio Quiroga y Ana María Cires comenzó a deteriorarse. Su esposa no estaba de acuerdo con la manera en la que el escritor criaba a sus hijos, lo que llevó a intensas discusiones que hicieron a Cires caer en depresión y la empujaron a suicidarse ingiriendo químicos para revelar fotografías. El trágico suceso obligó a Quiroga a mudarse con sus hijos a Buenos Aires debido al dolor que le traía permanecer en aquella casa.

Las historias deben ser contadas como si fueran sólo del interés de un pequeño círculo de personajes del cual el autor puede formar parte. Contar una historia desde la perspectiva de alguien que la vive es la única manera de darle vida a un relato. Horacio Quiroga.

De vuelta en la capital, Horacio Quiroga empezó a trabajar en el consulado de Uruguay en Argentina. Continuó escribiendo, principalmente inspirado en su nueva vida y en sus experiencias en la jungla. Durante estos años publicó sus obras más importantes, las cuales lo consolidaron como el mejor escritor de historias cortas en Latinoamérica. Las recopilaciones Cuentos de amor, locura y de muerte, Cuentos de la selva y El salvaje destacaban por ser historias fantasiosas que tenían un oscuro trasfondo.

Los últimos años de Horacio Quiroga

Se enamoró nuevamente en 1927, en esta ocasión de una chica llamada María Elena Bravo, compañera de clases de su hija Eglé. Se casó con la joven y tuvo con ella a su tercera hija. Basado en este y otros amores, Horacio Quiroga publicó su novela Pasado amor y la recopilación de cuentos Suelo natal. Unos años después de estos lanzamientos, regresó a vivir a la jungla de Misiones, en esta ocasión junto a María Elena y a la pequeña.

Horacio Quiroga publicó la que sería su última obra, titulada Más allá, en 1935. Ese mismo año le fue diagnosticada una enfermedad en la próstata y su salud comenzó a deteriorarse, aunque se negó a abandonar Misiones. Dos años después, cuando los dolores se hicieron insostenibles, viajó a la ciudad de Buenos Aires a recibir tratamiento y los doctores determinaron que presentaba un cáncer avanzado, por lo que lo internaron inmediatamente en el hospital.

En vista de que no aguantaba el dolor causado por su condición, Horacio Quiroga decidió acabar con su vida. Con la ayuda de uno de los pacientes, se suicidó al ingerir un vaso de cianuro el 19 de febrero de 1937. Sus restos fueron enterrados, inicialmente, en un terreno que pertenecía a la Sociedad Argentina de Escritores, organización que Quiroga había fundado junto a otros autores legendarios como Leopoldo Lugones y Jorge Luis Borges.

¡Aprovecha esta oportunidad para escuchar una de las narraciones más resaltantes de Horacio Quiroga!:

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