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Biografía de Adolf Hitler

Catalogado como uno de los líderes políticos más ruines y despiadados, Adolf Hitler (1889-1945) marcó un antes y un después en el panorama mundial del siglo XX. Después de impulsar la recuperación económica de Alemania, instauró un régimen de terror mediante una dictadura totalitaria dirigida por el partido nazi, por lo que sus acciones e ideales han sido catalogados como malvados universalmente. Descubre la historia del hombre que causó el conflicto más sangriento de la historia en la biografía de Adolf Hitler.

Biografía de Adolf Hitler resumen

Un suceso determinante

Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, Austria. Fue el cuarto de los seis hijos que tuvieron Alois Hitler y Klara Polzl. Aunque mantenía una relación positiva con sus hermanos, el joven discutía frecuentemente con su padre, un hombre estricto que desaprobaba el interés de su hijo por las artes. Después de la muerte de Edmund, su hermano menor, Hitler se convirtió en un joven introvertido y solitario.

A nivel ideológico, Adolf Hitler creció bajo las influencias de su padre, un nacionalista alemán que estaba en contra de la autoridad austriaca. Cuando Alois murió en 1903, Hitler abandonó la escuela y empezó a trabajar para ayudar a la familia. Cuatro años más tarde, en busca de una carrera profesional, se mudó a Viena e intentó entrar a la Academia de Bellas Artes. Después de reprobar el examen de ingreso, recibió la noticia de que su madre había muerto en su pueblo natal.

Adolf Hitler en la guerra

Sin más apoyo económico que el de una pensión de huérfano, Adolf Hitler vivió los próximos años en refugios para desamparados. Fue en 1913 que decidió mudarse a Múnich, mientras daba inicio la Primera Guerra Mundial. A pesar de ser aún un ciudadano austriaco, Hitler fue aceptado en el ejército alemán en 1914 y peleó en la batalla del Somme, llevada a cabo en 1916. La rendición de Alemania en 1918 impactó al joven soldado y lo dejó con un profundo sentimiento de frustración nacionalista.

¿SABÍAS QUE...?
Los registros indican que Adolf Hitler estuvo presente en importantes batallas como miembro del ejército alemán y que fue condecorado por su valentía después de recibir una herida de bala. Sin embargo, se cree que algunas de las historias de guerra de Hitler fueron exageradas por el partido nazi para enaltecer su figura.

Tras la guerra, Adolf Hitler regresó a Múnich y permaneció como miembro activo del ejército. Perteneció al servicio de inteligencia y estuvo encargado de monitorear las actividades del Partido Obrero Alemán. Cuando la organización cambió su nombre a Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en 1919, Hitler decidió unirse a la causa, debido a que comulgaba con los ideales antisemitas y nacionalistas de sus máximas figuras. A medida que esta institución ganaba popularidad en Alemania, pasó a ser conocida como el partido nazi.

Éxito y notoriedad

Los discursos efusivos de Adolf Hitler como miembro del partido nazi no tardaron en concederle popularidad a lo largo de Alemania. En 1921, casi dos años después de unirse, Hitler fue nombrado líder de la organización tras ganarse el apoyo del resto de los miembros. Después de años de preparación, dirigió un intento de golpe de estado conocido como el putsch de Múnich. La revolución fue un fracaso y el ahora dirigente del partido fue condenado a nueve meses en prisión.

NOTA
Durante sus primeros años en Múnich, Adolf Hitler conoció a Eva Braun, una fotógrafa de 17 años. Los dos mantendrían un turbulento romance a escondidas de los medios por el resto de sus vidas. Braun, quien juró lealtad a Hitler, se suicidó junto al máximo líder del ejército nazi en 1945.

Adolf Hitler utilizó su tiempo en la cárcel para escribir el primer volumen de Mi lucha, un libro publicado en 1925 que promovía el establecimiento de una sociedad alemana basada en la raza. Aunque el escrito contenía terribles errores gramaticales y severas incongruencias, no tardó en cautivar a buena parte del público debido a su naturaleza pasional e inmersiva. El discurso populista de la obra le valió a Hitler una importante cantidad de seguidores, lo que le sirvió como motivación para aspirar a cargos políticos.

El canciller Adolf Hitler

Después de ser derrotado en las elecciones presidenciales de 1932, Adolf Hitler fue designado canciller de la república por el nuevo presidente, con la intención de promover el balance ideológico. Hitler aprovechó la oportunidad para proponer un decreto que suspendía las garantías básicas como respuesta a un sospechoso incendio ocurrido en la sede del Congreso alemán. Progresivamente, el partido nazi fue tomando control de distintas ramas gubernamentales y eliminando a las organizaciones que se oponían a sus ideales.

TAMBIÉN DEBES SABER...
El suceso que Adolf Hitler utilizó como justificación para promover sus ideales totalitarios fue conocido como el incendio del Reichstag. El evento ha sido foco de diversas especulaciones por años y distintos historiadores señalan la posibilidad de que el partido nazi haya causado el incendio premeditadamente.  

El proceso de dominación del partido nazi fue súbito y agresivo. Para mediados de 1933, el resto de las organizaciones políticas se habían disuelto por intimidación y el de Adolf Hitler fue declarado el único partido legal en Alemania. Consciente de que al presidente del momento, Paul von Hindenburg, le quedaban escasos meses de vida, Hitler se mantuvo esperando el momento correcto para actuar.

En agosto de 1934, Adolf Hitler utilizó su posición como canciller para ordenar un plebiscito que proponía combinar su cargo con el del presidente. La moción fue aprobada con el 90% de los votos y se hizo efectiva un día más tarde, cuando Hindenburg murió de cáncer de pulmón. Hitler fue designado el jefe de estado y máximo comandante de las fuerzas armadas. Gracias al plan que había puesto en ejecución, ya no existían instituciones que se opusieran a sus ideales.

El holocausto

Desde el comienzo de su gobierno, Adolf Hitler promovió distintas leyes de segregación antisemita. Eventualmente, todas estas designaciones legales fueron evolucionando para promover la exclusión de los judíos de organizaciones, áreas laborales y todos los aspectos de la vida pública durante los próximos años. El aborrecimiento por los judíos fue escalando en distintos niveles de la sociedad y, finalmente, produjo violentos linchamientos y secuestros a lo largo de Alemania en 1938.

A partir de 1938, el gobierno nazi empezó a encarcelar ciudadanos judíos y reunirlos en campos de concentración. Por órdenes de Adolf Hitler, los prisioneros eran obligados a realizar trabajos forzosos, además de pasar días sin alimento y ser sometidos a horribles experimentos. Mientras esto ocurría en secreto, Hitler participó en la firma del tratado de Múnich, el cual le devolvía a Alemania control de algunos territorios perdidos tras la Primera Guerra Mundial.

Adolf Hitler y la Segunda Guerra Mundial

El tratado de Múnich le brindó a Adolf Hitler y al partido nazi el impulso necesario para poner en marcha sus ideales de dominación. El 1 de septiembre de 1939, el ejército alemán invadió Polonia. En respuesta, Francia y Gran Bretaña se declararon en guerra con la Alemania nazi, lo que marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Durante los próximos dos años, Hitler dirigió invasiones a Noruega, Dinamarca, Francia, Luxemburgo y Bélgica.

Formalmente, el gobierno de Adolf Hitler se mantenía aliado con Japón e Italia. La coalición fue conocida como las potencias del eje y se rebeló en contra de la Unión Soviética en 1941. Sin embargo, el ejército de Iósif Stalin logró detener la avanzada nazi en Moscú y le propició a Hitler su primera derrota significativa. En el bando contrario, denominado como ejércitos aliados, también se encontraban Estados Unidos y Gran Bretaña.

A medida que los aliados ganaban el apoyo de otros gobiernos, las tácticas de Adolf Hitler se volvían erráticas. Las potencias del eje carecían de los recursos para financiar la manera agresiva en la que el llamado Führer encaraba el enfrentamiento y la pérdida de territorios era inminente. El ejército alemán sufrió devastadoras derrotas durante los próximos dos años. Además de perder el canal de Suez, fueron vencidos en la batalla de Stalingrado y la batalla de Kursk.

Triunfó el bien

Después de que los aliados dieron inicio a la batalla de Normandía en 1944, la derrota de las potencias del eje era inminente. Distintos oficiales alemanes concluyeron que no había manera de triunfar y que, de permitirle a Adolf Hitler continuar en el poder, el conflicto acabaría con la destrucción del país. Las tensiones dentro del ejército nazi aumentaron y fueron puestos en marcha diversos planes para asesinar a Hitler, lo cual obligó al comandante a reducir sus apariciones públicas.

Con más de tres millones de soldados aproximándose por todos los flancos, Adolf Hitler era consciente de que la guerra estaba perdida. A comienzos de 1945, movió su centro de comando a un búnker subterráneo ubicado en Berlín. Fue en este refugio en donde recibió la noticia de que Benito Mussolini había sido capturado y ejecutado por los enemigos, el 29 de abril de 1945. Hitler, quien temía el mismo destino, tomó la decisión de no permitir que lo capturaran vivo.

Jamás en la historia el nombre de una persona ha estado asociado a tal cantidad de devastación moral y física como el de Adolf Hitler.Ian Kershaw, historiador británico.

Adolf Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945, mientras las tropas del ejército aliado tomaban control del país y se aproximaban a toda marcha. Cuando su cuerpo fue encontrado, se determinó que se había disparado en la cabeza con un arma de fuego. Una semana más tarde, Alemania declaró su rendición y la Segunda Guerra Mundial se dio por terminada. En la posteridad, Hitler es señalado como el culpable de la muerte de casi 30 millones de personas.

El siguiente vídeo te explica la Segunda Guerra Mundial 17 minutos. ¡Atento!:

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